Consejos para tratar con víctimas y sobrevivientes

Lo siguiente es un fragmento de la guía ‘Periodismo y Trauma’, con puntos clave para tratar adecuadamente a las víctimas y aprender a tener un autocuidado emocional.

Por Aldea de Periodistas

“Una de las decisiones más difíciles para los periodistas es cómo cubrir las víctimas, los sobrevivientes y los testigos en eventos catastróficos. Cuando se presenta una crisis, las personas en general encuentran la confianza en la atención de los medios durante uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Quizás estén en asombro o en tristeza, quizás estén esperando para escuchar sobre la situación de un ser amado. Repentinamente, cámaras, micrófonos y grabadoras de audio son confiadas a ellos.

Por el otro lado de la ecuación, los periodistas tienen la responsabilidad de decir la historia y ayudar al público para entender el evento trágico.

¿Cómo balanceamos el decir la verdad con minimizar los daños a las personas vulnerables?

A continuación hay algunos datos de profesionales del medio sobre cómo dirigirse a las víctimas y a los sobrevivientes:

✦ Calmadamente y claramente identifíquese antes de comenzar a hacer sus preguntas o a filmar. La persona necesita saber quien es usted y necesita entender que el material puede ser publicado o transmitido.

✦ Trate a cada víctima con dignidad y respeto. Los periodistas caminan una línea fina: Ellos deben ser sensitivos, pero al mismo tiempo, no deben ser tímidos.

Nunca pregunte: “¿Cómo se siente?”.

✦ Nunca diga: “Yo comprendo como debe sentirse”.

Es mejor simplemente presentarse a sí mismo y decirles: “Lo siento mucho por su pérdida”. O, “Siento mucho por lo que usted está pasando hoy”.

✦ Empiece la entrevista con preguntas abiertas y cerradas que con les permitan con cautela contar su historia. “¿Cuándo supo sobre esto?”, “¿Con quién ha hablado hasta el momento?”. Si una madre ha perdido a un hijo en un accidente aéreo, podría ser apropiado preguntar: “¿Podría contarme sobre la vida de Juan?”. Pregunte a los sobrevivientes qué vieron y qué escucharon. Estas preguntas no tienen prejuicios y ofrecen una oportunidad para ellos a decir lo que están sintiendo y pensando.

✦ Comprenda que las personas reaccionan diferente en esas situaciones –algunas se alejan, mientras que otras encuentran alivio al hablar.

✦ Si la persona dice no a una entrevista o está emocional ante la presión del medio por buscar la información, retroceda. Agradézcale gentilmente y retírese. Algunos periodistas les dan una tarjeta de presentación profesional y les dice, “en caso de que usted quiera hablar más tarde” o “por favor, deme una llamada si le parece”.

✦ Transmita a las víctimas un sentido de control. Pregunte si ellos estarían más cómodos sentándose o parándose durante la entrevista o si a ellos les gustaría ir a otro lugar, alejado del bullicio para conversar. Un gesto gentil podría ser, “¿Hay alguien que le gustaría que esté presente?”.

En el libro “Cubriendo violencia: Una guía al reportaje ético sobre las víctimas y trauma”, Roger Simpson y William Cote se refieren a periodistas como modelos de la eficiencia, rapidez entre la policía, trabajadores de emergencia y asistentes para lograr la información. Ellos tienen una misión y saben cómo hacer sus trabajos.

Es dramaticalmente diferente para aquellos en crisis quienes acaban de tener su mundo de cabezas. Ellos no comprenden completamente qué ha pasado; están sujetos a las órdenes y dirección de otros y pueden hacer muy poco para ganar control personal sobre situaciones caóticas. Simpson y Cote ofrecen estos datos:

✦ Respete los esfuerzos de la persona para retomar el balance después de una experiencia horrible.

✦ Anticipe respuestas emocionales y permita que el sujeto tome decisiones sobre cancelar o parar temporalmente la entrevista o la filmación.

✦ Escuche cuidadosamente.

✦ Repase los puntos principales de la entrevista con la persona antes de despedirse.

 

Caso de estudio: La experiencia de Enrique

Sonia Nazarro escribió una serie sobre los niños que vienen a los Estados Unidos provenientes sólo de América Central y del Sur, en busca de sus padres quienes se fueron años atrás para conseguir trabajos y hacer una diferencia en la vida de ellos. Su artículo se enfocó en Enrique cuya madre dejó Honduras cuando el tenía cinco años de edad. El joven tenía 17 años cuando fue en busca de ella en Carolina del Norte.

La reportera de Los Angeles Times pasó tiempo con Enrique en México mientras desesperadamente él intentaba entrar al norte y reconstruir su historia a través de entrevistas y observaciones detalladas. Nazario, nacida en Buenos Aires y criada en Kansas City, habla español fluido lo que le permite hacer preguntas cuidadosamente y con compasión a los niños.

La reportera tomó trenes por 800 millas, pasó dificultades, violencia y las incomodidades que enfrentaron los niños. Sus artículos contaron de los bandidos que roban, violan, torturan y asesinan por un par de zapatos; de las selvas densas y desiertos que los niños deben cruzar. El impacto de los horrores que ella fue testigo le afectaron una vez regresó a su casa. Nazario se enfermó y por seis meses tuvo pesadillas de “ser perseguida por alguien que trataba de violarme”.

Ella reconoce que el descanso y la terapia restablecieron su espíritu, pero se pregunta qué impacto ella tuvo en los niños que entrevistó: “Yo hago preguntas personales. Yo remuevo las aguas. ¿Al fin y 16 17 al cabo, cómo ellos lo manejan?”, ella escribió en una parte del reporte de Nieman.

“Las experiencias de Enrique” fue publicado entre el 29 de septiembre y 7 de octubre de 2002 y ganó el Premio Pulitzer por su escrito principal. Este caso de estudio apareció en el libro de Simpson/Cote en el capítulo sobre escribir una noticia traumática. Nazario escribió acerca de los dilemas éticos que enfrentó al contar la historia de Enrique para el reporte Nieman: http://www.nieman.harvard.edu/reportsitem.aspx?id=100328″. 

 


Ficha bibliográfica: Deborah Potter y Sherry Ricchiardi, manual Periodismo y Trauma, publicado por el Centro International para Periodistas (ICFJ por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro, y financiado por la Fundación McCormick.

 

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